miércoles 14 de septiembre de 2011

Fernando Canale: El psicoanálisis entre el determinismo y la ética.



El Psicoanálisis: entre el determinismo y la ética.
(por Fernando Canale)
a) La novedad freudiana
Por lo general, se suele enunciar que el gran descubrimiento freudiano, el que origina la práctica psicoanalítica es: el inconsciente. Si bien no podemos ignorar que este es uno de los conceptos fundamentales de la teorización analítica y que es Freud quién lo conceptualiza de una manera novedosa, debemos preguntarnos si es está noción la que produce un cambio de paradigma en la manera de concebir las llamadas enfermedades mentales; dado que tanto Breuer como Janet también pensaban que los síntomas neuróticos respondían a un registro más allá de la conciencia. Entonces, si no es el inconsciente la hipótesis que separa a Freud de estos teóricos ¿Qué es lo que divide las aguas?, ¿Cuál es la novedad freudiana? En este punto, nos encontramos que en distintos artículos como, por ejemplo, en “Las neuropsicosis de defensa” el creador del psicoanálisis sitúa como origen de la escisión de la conciencia: el conflicto que se produce entre las representaciones sexuales y la moral del enfermo. De esta manera, observamos, en primer lugar, el lugar central que tiene el conflicto en la teorización de la neurosis. En este sentido, esta teorización pone en primer plano la dimensión ética como punto de partida del psicoanálisis, dado que la clase de conflicto con el que tropieza el neurótico sacude al yo produciendo una hiancia moral propia de la interrogación ética; la cual podemos equiparar con la pregunta kantiana: ¿Qué debo hacer? o mejor aún ¿Qué debería desear? El resultado es archiconocido: el neurótico intenta olvidar, no saber nada de esta pregunta; olvido que tiene como resultado el retorno de lo reprimido a través de las diferentes sintomatologías .
Por lo tanto, es importante destacar aquí que al anudar la dimensión ética con la patológica, el psicoanálisis, se separa de teorizar a la etiología en el registro de la herencia o de la degeneración. Es finalmente, entonces, la problemática ética la que quiebra con una posición biologicista de la neurosis, permitiendo teorizar el desgarramiento subjetivo, el entre dos introducido por el lenguaje, como el ethos propio de la dimensión humana.
b) El inconsciente y el analizante: entre el determinismo y el $
El inconsciente es una máquina, simbólica, de esto no hay duda. Máquina que tiene la estructura del lenguaje y que funciona e interpreta sin necesidad de la conciencia, como bien lo exponía Freud “el yo no es amo y señor en su propia casa” y sólo se limita a sufrir las consecuencias en las distintas manifestaciones con que el inconsciente se re-vela. Ahora bien, cómo conjugar, entonces, este aparente mecanicismo freudiano con la dimensión ética, o mejor aún: cómo unir la máquina con la ética. Veremos a continuación como la experiencia analítica sólo es posible a partir de este anudamiento. Pero primero debemos comenzar por situar el problema.
Para comenzar a resolver esta dificultad es importante disolver una confusión bastante común que tiene su origen en lo que Freud destaca en distintos puntos de su obra como: determinismo psíquico. En este sentido, por ejemplo, nos encontramos como en la tercera conferencia dictada en la Universidad de Clark, Freud declara: “el psicoanalista se distingue por una creencia particularmente rigurosa en el determinismo de la vida anímica. Para él no hay nada en las exteriorizaciones psíquicas nada insignificantes, nada caprichoso ni contingente; espera hallar una motivación suficiente aun donde no se suele plantear tal exigencia”
Pero teniendo en cuenta la cita anterior: ¿Qué es lo que quiere transmitir Freud con la noción de determinismo? , ¿Es Freud determinista? Si y no. Ya que por un lado, él sostiene con el concepto de determinismo psíquico que los fenómenos aparentemente azarosos, desechados por la psicología con la noción de error o de trastorno, se encuentran rigurosamente estructurados por una lógica que la conciencia desconoce (lógica que luego Lacan anudara a las leyes retóricas del lenguaje). Entonces, con determinismo psíquico inferimos claramente que Freud nos está indicando que las manifestaciones del inconsciente no son azarosas. Por otro lado, si el hombre estaría determinado por su inconsciente, entonces, Das Unbewusste estaría funcionando como un principio de justificación sin lugar alguno para la ética. Y aquí encontramos el nudo del problema que planteamos en principio, y que intentaremos resolver a partir del concepto de analizante.
Si el psicoanálisis impone un deber al candidato a analizante, este no es más ni menos, que la asociación libre; deber que podríamos formular de la siguiente forma: decirlo todo sin saber lo que se está diciendo, dejarse fluir en el terreno de las asociaciones sosteniendo un aparente grado de irresponsabilidad sobre lo que se dice . Ahora bien, un paciente astuto nos podría decir: digo sin saber lo que estoy diciendo, pero porque usted me invita a esto, ya que lo que digo no tiene nada que ver con lo que yo soy, es mi inconsciente, o mejor aún, espetarle como Ernest Lanzer a Freud: lo que estoy diciendo es una mera asociación mental. Aquí estaríamos entonces, en una posición determinista que justifica los dichos a partir del concepto de inconsciente, es decir, en términos lacanianos no podríamos formalizar la posición de este paciente imaginario con el matema $ ; sino por el contrario nos encontraríamos con lo que Freud llamaría “un caso malo, nada adecuado para el análisis”. Ahora bien, contra esta posición donde el inconsciente serviría como principio de justificación, Freud se levanta enunciando que “si para defenderme digo que lo desconocido, inconsciente, reprimido que hay en mí no es mi “yo”, no me sitúo en el terreno del psicoanálisis” . Vemos aquí como Lacan sigue esta formulación freudiana a partir del concepto de analizante; el cual deviene por la producción del $ por medio de la constitución del dispositivo analítico. Es decir, aquel que aún sorprendido por sus asociaciones, des-centrado por sus dichos, responde causando su división ante un saber no sabido, que de modo pulsátil, se hace reconocer. Por lo tanto, sólo allí donde las asociaciones no son suturadas por distintas modalizaciones de la enunciación- algunas de las cuales Freud denomino como defensas-y se abre al intervalo del entre- dos responsable; ocurre la oportunidad única de vehiculizar un trabajo que introduce el anudamiento entre la ética y la máquina, es decir: la entrada del sujeto en la dimensión del inconsciente.